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MUSEF - SUCRE  Información de Musef Sucre | Sala Máscaras | Sala Cultura Uru-Chipaya

SALA CULTURA URU-CHIPAYA

Nuestros antepasados, los uru, tenían su nombre propio que era Kot'suñs, que quiere decir "hombres de agua". Nosotros, los uru-chipaya, somos un desprendimiento de este tronco uru; con grandes dificultades hemos sobrevivido cerca de las orillas del lago Coipasa, allí seguimos hablando nuestra lengua. Todavía respetamos muchas de las costumbres de nuestros abuelos, nosotros mismos nos llamamos hoy Jas-shoni "hombres de agua", en los mapas antiguos también nos decían: uruquilla, ochosuma, choro, puquina. Según documentos de la época colonial, por el año 1582, nuestra lengua estaba considerada como "una de las tres importantes del reino" Por entonces, nuestra población se componía de casi 80.000 habitantes.

Durante siglos hemos vivido en esta región con los aymaras, en una relación tensa, ya que nos habían sometido. Los reinos y los señoríos aymaras, explotaban nuestra destreza acuática como pescadores, cazadores y balseros; no nos permitían adquirir chacras en tierra firme ni rebaños en la altura, tratándonos despectivamente, diciendo "chanchumanqueris" ("come hierbas"), también "villi villis" ("come patos") u otras aves de lago.

Durante siglos tuvimos que resistir los intentos de someternos a formas de vida ajenas y humillantes. Cuando llegaron los inkas intentaron sacarnos muchas veces de nuestros totorales y lagunas. A un grupo de nuestros abuelos que vivían en Paria, los enviaron a trabajar como mitayos en los maizales que los reyes cuzqueños habían establecido en el valle de Cochabamba.

Al llegar los españoles, el trato injusto continuó y se acentuó. Hubo presiones de toda índole para que cambiemos de ambiente ecológico, abandonando los lagos.

Nos obligaron a trabajar en la cruel mita de Potosí. Por resistir a estos atropellos que ponían en riesgo nuestra existencia como nación, recibíamos un trato humillante, nos llamaban "primitivos", flojos, sucios, etc.

Cediendo a la presión de los mallkus aymaras y de los españoles, muchos de nuestros abuelos llegaron a asimilarse al grupo dominante. Así, con el tiempo, decrece nuestra poblacion uru. Hoy quedamos pocos: nosotros los Chipaya, los Murato a orillas del lago Poopó y los Iru-Itu en el río Desaguadero.

Territorio Chipaya

Vivíamos asentados en una extensa faja que iba desde el río Azángaro -ahora del Perú- seguía las orillas del lago Titicaca y el Desaguadero hacia el lago Poopó, hasta los Lípez. Formaba este territorio un eje acuático, de norte a sur, como se puede apreciar en el mapa del s. XVI. Otros urus vivían en la costa del Pacífico, entre Cobija, Arica y Camana.

Originalmente nuestro pueblo habría tenido una división cuatripartita de la siguiente manera: Tuanchajta al N.O., Ushuta al N.E., Tajachajta al S.O. y Waruta al S.E. El pueblo estaba dividido a la vez en dos mitades de norte a sur por un río llamado "Taipi". En 1931 el etnólogo Alfred Métraux encontró todavía en la memoria del pueblo, tres parcialidades. Ahora solamente quedan dos divisiones: al oeste Tajata y al este Tuanta, llamados ayllus y cada uno dirigido por su "jilaqata"; aparte de ellos existen actualmente autoridades de la administración política oficial como alcaldes, jueces y otros. Entre las autoridades tradicionales existían además de los jilaqatas, el "sukachiri" que preparaba y dirigía los rituales para los "mallkus", y el "laime" o jefe de los cuidadores de las lagunillas.

La localidad actual donde vivimos se llama "Santa Ana de Chipaya" fue fundada entre 1570-1575 en el tiempo de las reducciones. Contaba para esa época con 2.000 habitantes. Para el siglo XIX (1.828) se obtuvo una cifra del orden de 170 habitantes, entonces nos encontrábamos al borde de la supervivencia biológica. El etnólogo Alfred Metraux en 1931 encontró 370 personas; en 1973 Nathan Wachtel censó 1.200 habitantes. Actualmente alcanzamos aproximadamente 1.800 habitantes incluyendo el nuevo cantón Ayparavi creado en 1966 y ocupado por los chipayas para frenar el avance de ocupación territorial de los aymaras. Nuestra propia lengua se llama Chipaya. La mayoría de nosotros somos trilingües, hablamos chipaya, aymara para las relaciones con nuestros vecinos y el castellano que aprendemos en nuestros centros de enseñanza que van desde el pre-básico a los ciclos básicos e intermedio. Algunos de nuestros hijos van al pueblo aymara más cercano (Escara) para concluir sus estudios en el ciclo medio.

Las "estancias" constituyen las tierras de laboreo y se ubican en los entornos del pueblo, se caracterizan por las casas cónicas y los corrales circulares y sus terrenos inundados. La mayor obra del hombre en territorio chipaya es el manejo del agua, tomar el caudal del río Lauca en territorio aymara y distribuirlo racionalmente en territorio chipaya, crear una red hidrográfica artificial con pleno dominio de sus caudales. Dicen los estudiosos que es una obra de ingeniería hidráulica. No sólo nos limitamos a conducir el agua, creamos diques y compuertas para su control con enormes "tepes" (terrones con raíces entreveradas), arbustos, paja, tierra, formando bloques unidos unos a otros con gruesas cuerdas de paja de ocho cordones retorcidos, de hasta cinco centímetros de ancho, llamados "ekhas". Reconstruir nuestro ambiente ecológico de lagos y ríos de antes de la colonia, significa para nosotros mantener nuestra identidad étnica cultural como "Jas shoni", hombres del agua.

Al hacerlo regeneramos el ciclo vital ecológico acuático y subacuático; sólo así tenemos plantas comestibles como el "khivi", "jome", "skhari" y "chunka" y animales como la "parina", "ititi" (flamencos), "tojraka" y "jokha", "khaasa", "k'usara" (patos y gansos).

En segundo lugar nos sirve para lavar las tierras salinizadas y aprovecharlas en el cultivo restringido de quinua amarga.

Hasta hace unos 20 años la mayoría de nuestras casas todavía mantenían la planta de forma circular, con techo como un sombrero tipo hongo. Esta casa tenía la particularidad de protegernos contra el intenso frío reteniendo el calor en sus paredes y techo. Además por su forma cilíndrica los fuertes vientos helados no impactaban de frente haciendo bajar la temperatura, sino más bien producían una capa envolvente de aire logrando un efecto termoestabilizador como también por la redondez del techo los vientos huracanados de esta estepa desértica, tenían poco efecto de fuerza para arrancarlos. En este territorio no existen árboles ni arbustos, las puertas están hechas de tablillas de "cactus" de la región. El techo es el conjunto de haces de arbustos traídos desde territorio aymara para formar una cúpula que se embadurna con barro, se forra con paja y se sujeta todo por medio de una red de sogas de paja, cuyas cuerdas están extendidas por los costados de las paredes interiores hasta los cimientos de la casa.

En la foto se ve a una mujer chipaya apoyada en la casa y con los pies dentro de un recipiente llamado "taquira" hecha de lava volcánica y que sirve para pelar la quinua con la frotación de las plantas de los pies; tal vez esta técnica les recuerde algo parecido que hacen los aymaras para pelar el "chuño", una vez congelada y asoleada la papa.

El mortero para moler granos por frotación en vaivén, se llama "tax" que comprende la base y la muela.

La mayoría de los ritos chipayas centran su culto en algunos elementos de la naturaleza, esenciales para la sobrevivencia en la región representados por los "mallkus", como por ejemplo el "Mallku Lauca". Algunas de estas divinidades habitan las "pukaras", que son monumentos cónicos, y otros viven en las profundidades de lagunas y ríos. Los "samiris" que representan a dioses creadores principalmente de los animales como la llama, el chancho y la oveja, están presentes en afloraciones calcáreas de la región que al emerger de las entrañas de la tierra y tener alguna semejanza, en bulto, a los animales citados, adquieren esta condición.

La religión local basada en el culto a los seres antes nombrados tenía una gran fuerza ancestral para cohesionar al grupo y lograr, con sus esfuerzos, éxitos insospechados en el control y adecuado uso de la naturaleza, como el uso óptimo de aguas por ejemplo.

Sin embargo en los últimos 40 años el ingreso violento de sectas "protestantes" y otras a territorio chipaya, ha logrado dividir el pueblo en infinidad de grupos seudo-religiosos, afectando seriamente al núcleo étnico cultural primigenio.

El cono hecho de "tepes" -tierra aprisionada de raíces- se llama pucara, donde habita el "Mallku Lauca". Como se aprecia en las fotografías se trata de un monumento compuesto por una plataforma de base circular, donde se encuentra el Mallku Lauca; tiene además una extensión como un caminito hasta otra plataforma mucho más pequeña, que sirve para realizar el sacrificio propiciatorio de la llama, como pago por las bondades que ofrece el río Lauca (los vegetales subacuáticos y aves acuáticas).

Las piedras volcánicas que asemejan animales (llama, chancho y oveja) se llaman "samiris".

Las piezas líticas negras, que tienen origen precolombino, han recibido una refuncionalidad por parte de los "sukachiris" (sacerdotes) chipayas en la mesa ritual, allí mismo se observan fetos o "sullus" de los mencionados animales, y unas pequeñas pirámides "untucallo" que están hechas con cebo de llama (reino animal), la "tara tara", semilla de la coca (reino vegetal), el "kori limpi" y "kolqe limpi" (reino mineral) y las plumas de parihuana.

El contenido de las jarritas y los platitos es la "yumpaka" cuyo color es blanco o negro. En la fila de adelante (según el espectador) es blanca y está hecha con agua, alcohol, dulce ("panal") y harina de maíz blanco: la "yumpaka" negra, que está en la fila posterior, lleva los mismos ingredientes, excepto la harina que es de maíz morado.

Al concluir el ritual se queman todos los elementos ofrecidos y se introducen en la parte baja de la pucara del "Mallku Lauca".

Estos bienes culturales mantienen interrelación unos con otros en los distintos rituales; la llama es considerada como el principal animal para sacrificios en ceremonias andinas, por eso esta figura tiene mayor proligidad en su ornamentación. La cruz de paja tiene una enorme significación para nosotros, no como símbolo cristiano, sino mas bien por lo que entraña la flor de la paja, que se ofrece a los "mallkus" en sus "pukaras". Los racimos de cuerdas de lanas torcidas de colores, son elementos mnemotécnicos (ayuda memoria) para recordar oraciones de la religión católica, pero en tiempos remotos seguramente su uso era distinto, como el de los "khipus". Los objetos de lanas de colores de cuatro lados concéntricos, son una valiosa expresión de origen precolombino que significa "luz de la vida" o de "la buena suerte". Las bolsitas, las vasijas en forma de riñón, el mortero, la "mecha chua", son todos para uso ritual únicamente. Las cestas formaban parte principal de la recolección del "khivi", fruto subacuático del río Lauca.

Estos son los instrumentos musicales más importantes por su relación con nuestros rituales y ancestros. Los primeros formados por tubos dobles, ocarinas de cerámica, una trompeta andina (pututu) y bombo, cuya caja de resonancia está hecha de tablillas de cactus y su membrana vibradora de cuero de llama, forma el conjunto para ofrecer música a los mallkus y se denomina "wayco".

La "guitarrilla" del otro extremo es utilizada en la ofrenda de canciones propiciatorias para la cría de los animales. En el centro, los instrumentos que tienen juegos de tubos como los "sicus" se utilizan en ceremonias dedicadas a los santos: el conjunto se llama "maizho".

El otro grupo, que tiene la caja cuadrada, es para fiestas locales de otra naturaleza. Las hondas de colores no se usan en el pastoreo, sino en festividades especiales, sujetas a las muñecas de las manos por los huecos centrales. Las plumas son de parihuana.

El orgullo de nuestro pasado remoto como "chullpa puchus" nos da valor para luchar por una justa atención y el respeto que merecemos como la minoría étnica más importante del mundo andino.

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