La estructura política se configura a partir
de tres componentes diferentes y al mismo tiempo complementarios.
1.- El sistema de autoridades tradicionales ha sido
reemplazado por el sindicato, instancia que regula
la organización entre los "indígena-campesinos"
y "mozos".
2.- El control del rigor religioso de la comunidad
además del cementerio y la iglesia, están
a cargo del "alcalde" y dos "vocales".
3.- Los rituales tradicionales están a cargo
del "ch'axra qawador" que cuida las chacras
de la comunidad y también resuelve los conflictos
relacionados con invaciones de terrenos y otro tipo
de problemas; el "camaretero", por su parte,
ahuyenta el granizo con "técnicas"
ancestrales. Estos roles son asumidos por líderes
natos de la comunidad.
El sistema político estatal se impone a partir
de una división geopolítica, las autoridades
son el alcalde y su concejo municipal, compuesto en
su mayoría por "vecinos", cuyo rol
regula las disposiciones del gobierno central del
Estado Boliviano.

Otra de las particularidades que distingue a los “indígena-campesinos”
es la vestimenta de confección manual tradicional:
El hombre viste poncho, cinturón ancho de cuero
tachonado y montera tipo yelmo; la mujer, la almilla
(como saya amplia) con una sobrefalda con rica ornamentación
en su franja inferior conocida como “ajsu”,
una llijlla que cubre la espalda a modo de sobretodo,
cinturón “chumpi” y la "pacha-montera"
de copa completamente baja y alas anchas laterales.
Por su parte los “mozos” utilizan una
vestimenta ligera, pantalón, camisa, generalmente
chamarra, sombrero y abarcas. Los “vecinos”
usan una vestimenta de corte urbano de mayor costo
económico.
El “mozo” es un miembro más del
núcleo humano consanguíneo “indígena-campesino”
que sólo ha abandonado su vestimenta tradicional
siendo un segmento más de “los tarabuqueños”,
que tienen mayores posibilidades de acceso a otros
espacios de trabajo y comercio. Tiene sus preferencias
musicales como el “salaque”, que canta
con sus pandillas al contrario de los “indígena-campesinos”
que danzan el "pujllay" o el "ayarichi",
además de sus tonadas de “burru khatina”.
En cambio los “vecinos” se recrean pulsando
guitarras y charangos con géneros musicales
como bailecitos, cuecas y wayños, cuya composición
es espontánea y con mucha “chispa”,
muchas veces de doble sentido. En su fiesta principal
el “vecino” baila el "maika moreno"
que lo diferencia de los otros dos segmentos humanos.

Nuestros abuelos y mayores así como los estudiosos apoyados
en las fuentes primarias y la tradición oral,
dicen que nuestro origen como yamparas tenía
un territorio original mucho mayor del que actualmente
tenemos, aunque compartido con poblaciones de mitimaes
provenientes de regiones lejanas como del lago Titicaca,
altiplano sur de las proximidades del Cusco y hasta
de Ecuador; así sostienen que decidieron ceder
parte de "sus tierras a la Corona Española
para que -a mediados del siglo XVI- se fundase allí
una ciudad: esta ciudad fue primero llamada La Plata,
luego Chuquisaca y por último con su actual
nombre Sucre".
"Durante los primeros siglos de la Colonia los
diferentes grupos que poblaban Chuquisaca experimentaron
fuertes procesos de cambio. Algunos se mantuvieron
casi con sus mismas fronteras territoriales, pero
perdiendo territorios discontinuos lejanos que les
permitían acceder a otras ecologías
y productos. Otros muchos se fraccionaron en comunidades
más pequeñas; luego, con el surgimiento
de las haciendas españolas, numerosas comunidades
perdieron su independencia y fueron organizadas en
torno a un dueño español, sin respetar
necesariamente sus antiguas estructuras".
Actualmente nuestro territorio como área cultural
de los "tarabuqueños" comprende por
el norte el río Grande, límite con el
departamento de Cochabamba, por el sur hasta las orillas
del río Pilcomayo con variados valles mesotérmicos
interandinos y por otro mesetas de altura con clima
frío. Todas estas regiones conforman algunas
partes de las provincias Zudañes, Yamparaes
y Tomina.
CERÁMICA

Nuestra
cerámica ha sufrido durante siglos cambios
provocados por la influencia de grupos asentados en
nuestra región y por contactos con otros grupos
distantes.
Algunos investigadores clasifican a la alfarería
pre-colombina en los siguientes estilos:
*Yampara antiguo, contemporánea al Tiwanaku
Clásico.
*Yampara clásico o Chuquisaca polícromo,
que se desarrolló después de Tiwanaku
Expansivo.
*Mizque-Inca o Yampara con influencia incaica.
*Yampara tardío o Yampara Lakatambo que pervivió
hasta la hegemonía inca.
*Presto-puno, variante del estilo Yampara muy próximo
a la Colonia.
La característica predominante en esta cerámica
es la decoración geométrica en colores
negro, blanco y rojo.
En la época colonial se introdujo la cobertura
vítrea plúmbea y nuevas formas adecuándose
a las necesidades de los conquistadores, aparecen
piezas como las jarras de pico y asa grandes y los
"wichis" de tamaño pequeño
para fines ceremoniales de los "vecinos".
Se abandonó en gran medida la técnica
del engobe pulido que obtuvo una alta calidad en la
parafernalia ritual precolombina. Sin embargo la alfarería
utilitaria se ha mantenido hasta nuestros días
con una importante producción sobre todo para
la elaboración de chicha (bebida fermentada
de maíz) y sus necesidades domésticas.
TEXTILES

La
principal manifestación de la región
de Tarabuco es el arte textil, labor realizada por
nuestras madres y hermanas, que se caracteriza por
los finos y singulares tejidos, también por
los vivos colores inspirados en animales, plantas,
flores, el arco iris, el entorno en que vivimos, creencias
y tradiciones.
El aprendizaje en el tejido lo realizamos desde la
niñez; tejemos en el telar vertical de origen
precolombino, el cual no ha sufrido cambios.
Empleamos básicamente lana de oveja, que varía
mucho en el grosor y la finura para diferentes tejidos;
en la vestimenta utilizamos generalmente el hilo más
fino, a diferencia del usado para cobijas y costales.
Además aplicamos para los colores algunos tintes
y mordientes naturales que con el tiempo se están
sustituyendo por productos químicos.
Tenemos dos centros de producción textilera:
al oeste de Sucre, cerca de Pampa Yampara y al este
en torno a Vila Vila, esta última es la zona
más conocida de donde provienen los textiles
Tarabuco. Dentro del "estilo" Tarabuco existen
el “sub-estilo Vila Vila” en el que predomina
el color rojo y las figuras de rombos; el “sub-estilo
Presto” muy similar al Vila Vila, con la diferencia
que usan el color amarillo, morado y verde; el “sub-estilo
Candelaria”, mostrando animales intercalados
con bandas en zig zag. Fuera de estos tres tenemos
también los sub-estilos Muyu-punku y Alcantari.
MONTERAS

Antiguamente
como ahora nosotros cubrimos la cabeza con una prenda
que denominamos “montera”, utilizada inicialmente
por los varones; las mujeres usaban también
una “montera” con dos alas forradas por
gabardinas y un paño bordado; otro gorro muy
peculiar es el “joq’ollo” (asociado
a la metamorfosis del batracio) era de uso cotidiano
en los niños varones hasta los catorce años.
Por las características del clima en la región
tenemos diferentes “monteras”, usadas
por el varón, que con el paso del tiempo se
generalizó entre las mujeres casadas. En Tarabuco
llevamos las “monteras cerradas” por el
frío y en Presto las “monteras abiertas”
por el clima templado. Por la calidad del acabado
y el material utilizado están: las monteras
“galoncillos”, “katari kara”
y “lama”, de alto, mediano y bajo costo
respectivamente. Para la fiesta del “pujllay”
usamos la montera “t'ikachasca”, ataviada
con varios adornos coloridos.
Muchos estudiosos afirman que nuestras monteras son
una copia del “yelmo” español;
sin embargo hay referencias, que en la época
prehispánica varios grupos andinos usaban una
prenda parecida.
Las monteras de mujer varían en sus usos y
denominaciones, existiendo “monteras corrientes”
de uso diario, “llint'a monteras”, “monteras
de luto” y “pacha monteras”, estas
últimas las llevamos en fiestas y ceremonias
religiosas como los “ayarachis” y el “pujllay”.
El “joq'ollo” es una prenda tejida a crochet
con lana de color negro denominada joq’ollo
sencillo, existe también otro tipo decorado
con lentejuelas e hilos de varios colores que forma
variadas figuras, llevando en su parte frontal una
visera de color. En la actualidad su uso ha sido asimilado
por las mujeres solteras.
JUMBATE

Como
todos los pueblos del mundo, nuestros abuelos "los
tarabuqueños" han conservado en la memoria
colectiva de sus habitantes los hechos épicos
más brillantes del proceso de liberación
del subyugo de la administración de la colonia,
relatándonos éstos de la siguiente manera:
"... Nuestros aguerridos guerreros yamparas
al anoticiarse de la llegada de las huestes españolas
que habían arrasado haciendo estragos con pueblos
enteros por donde pasaban para someter a la voluntad
del rey a todos los naturales, por lo que convocaron
a su pueblo con el ulular de sus pututus para diseñar
la estrategia de la defensa dejando atrás huasacancha,
molles, la ciénega y justo al traspasar el
abra para llegar a la hondonada donde se encontraban
nuestros pueblos, se llega a las faldas del histórico
cerro de las carretas donde en genial simulacro de
apronte convirtieron a las tholas y khiwiñas
de este cerro en combatientes, vistiéndolos
con sus ponchos y monteras, haciendo que los del batallón
real de los verdes descargaran sobre estos artificios
toda su capacidad de fuego que los dejó sin
ninguna reserva de munición, momento este que
los tarabuqueños aprovecharon para soltar,
desde las alturas donde se encontraban, una avalancha
de enormes pedrones que terminaron con los invasores."
Se guarda en la memoria del pueblo los apellidos de
los estrategas de la defensa y victoria: Calisaya
y Carrillo. Este histórico hecho se produjo
un 12 de marzo de 1816. En este regio cuadro de batalla
los guerreros tarabuqueños dieron el asalto
final llenos de euforia abriendo los pechos de sus
enemigos para extraerles sus corazones latientes y
comérselos como dice la letra del yaraví
que refleja este pasaje histórico del "jumbate"
y que constituye el segundo himno de los tarabuqueños:
Carretas orko wasapichu
Carretas orko wasapichu
Verdesta wañucherkanku
Verdesta wañucherkanku
Ayau
Pututus wakamushejtinku
Pututus wakamushejtinku
Sonkonkuta mikorkjanku
Sonkonkuta mikorkjanku
Ayau
Amalaya wajkanchesta
Amalaya wajkanchesta
Tata Kallisanchesta
Tata Carrillonchesta
Ayau
Detrás del cerro carretas
Detrás del cerro carretas
A los verdes los mataron
A los verdes los mataron
Qué dolor
Cuando los pututus ululaban
Cuando los pututus ululaban
Sus corazones se los comieron
Sus corazones se los comieron
Qué dolor
¡Mal haya! El haber llorado
¡Mal haya! El haber llorado
Padre Callisaya
Padre Carrillo
Qué dolor
PUJLLAY
Nuestros antepasados solían representar las
grandes “ch'ajwas” (encuentros violentos)
con la teatralización de hazañas por
medio de música y danzas en espacios abiertos,
utilizándose como recurso pedagógico
para transmitir hechos históricos, acto conocido
como pujllay. Estos son expresados con tumultos y
tropel usados en la toma simbólica de los espacios
administrados por los que ejercen el poder y control,
este tipo de manifestaciones son imprescindibles para
conciliar y conjurar la violencia, pero además
sirven para manifestar la presencia testimonial de
existencia.
Cuando el “pujllay” se desplaza coreográficamente
al ritmo marcial, que con gran resonancia es marcado
por los cascabeles del “pital” y sus enormes
espuelas con "challas", acompañados
por música suave, da a pensar en un contraste
con la fuerza y el carácter fuerte del movimiento
del danzante, con el ritmo y melodía más
bien ritual, y es que no se trata solamente de la
toma simbólica del espacio, sino también
de la “posesión” que fertiliza
la tierra y ayuda a renovarla.
Con la llegada del tiempo de cosecha, conocida como
el “hatun puquy”, se da lugar a un cambio
de espacio, lo que estaba en el uqu pacha o subsuelo
(los productos agrícolas) tiene que cambiar
de espacio, por que terminó su ciclo y ya no
es tiempo de germinación, es tiempo de cosecha.
Es el tiempo del “pujllay” y sirve para
que se realicen todo género de fiestas para
recrearse, sobresaliendo algunas como el “pujllay
pakmi yachachikuni“, que se refiere a ensayarse
algún juego o guerra, o el “huachi chakuy
pujllay” que nos remite al juego de cañas
que pervive en procesión del Niño Jesús
en la ciudad de Sucre.
El "pujllay" es la fiesta y el ritual que
facilitan y ayudan a los habitantes del “uqu
pacha“ a cumplir con el ciclo ritual productivo
y festivo, posibilitando su paso al “hanan pacha“.
PUCARA

Como nuestro pacha (tiempo y espacio) siempre se restituye
en ciclos: todo vuelve y todo cambia, se sube y se
baja, hay tiempo de calor y de frío, además
hay tiempo de dar y recibir, porque para nosotros
la vida no tiene sentido si no damos y no recibimos,
somos "incompletos" y "nos completamos"
recibiendo para dar, entonces hay tiempos en los que
es más propicio, enriquecedor y constructivo,
hacer "entregas". Por eso en el "q'oñi"
tiempo, que también es el tiempo del "hatun
pocuy quilla" que se lo conoce además
como el "mes de gran maduración",
construimos pucaras que son como "castillos de
comida" que sirven para que nuestras deidades
y difuntos reciban y lleguen al "hanan pacha";
asimismo nosotros recibimos la gran cosecha.
Además tenemos que alegrarnos para que los
difuntos, con la música, el baile y la danza,
puedan salir del "uqu pacha" y así
se restituya el nuevo ciclo agrícola.